Hay personas que van completamente a ciegas por la vida, pérdidas y sin enterarse de nada.
Se sienten como una bola de pinball golpeada de un lado a otro, veces consiguen puntos, y a veces acaban en el agujero.
Muchas de esas personas, como es a lo que están acostumbrados, piensan que la vida es eso. No se cuestionan nada, ni se plantean que las cosas pueden ser de otra forma.
Y no es cuestión de darles lecciones, de decirles lo que deberían cambiar o lo que deberían pensar.
Basta con ser nosotros mismos, hablar de nuestra vida con la tranquilidad con la que ellos pueden hablar de la suya, en régimen de sana igualdad. Y el cambio en ellos vendrá de forma natural, si así ha de ser y sin poner deseo por nuestra parte en ello.
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